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Aprender a situar el dibujo en el espacio

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Es dibujo es una auténtico ejercicio mental. Más que aprender a dibujar, en un primer momento tienes que aprender a observar. Un poco de paciencia: hasta que tu cerebro no haya analizado toda la información espacial, no podrá guiar tu mano.

1. Observar el objeto

Antes de lanzarte a dibujar, tienes que imaginarte el tema. Al principio, lo mejor es trabajar con objetos que puedas manipular: una manzana, un jarrón pequeño, una taza, utensilios de cocina... Tómate tiempo para girar el objeto y observarlo bajo distintas luces. Analiza su forma, su volumen, sus zonas de luces y sombras...

El objetivo: al cerrar os ojos, tienes que ser capaz de reproducir la imagen en tu cabeza.

2. Definir la forma y el volumen

Llega el momento de realizar los primeros trazos en el papel. En una superficie en dos dimensiones (la altura y la anchura de la hoja), tienes que representar un objeto que, en realidad, posee una tercera dimensión (la profundidad). ¿Por dónde empezar?

  •  Simplifica al máximo lo que ves. Pregúntate en que volumen geométrico simple podrías integrar este objeto. ¿Un cubo? ¿Un cono? ¿Una esfera? Por ejemplo: una esfera para una manzana, un cono para una pera, un cilindro para un jarrón, etc.

Recordatorio: ¡viva la geometría!

Incluso los objetos más complejos pueden descomponerse en formas geométricas simples. Basta combinar varios volúmenes. Por ejemplo, un árbol está compuesto por una esfera y un cilindro.

  • Dibuja la(s) forma(s) geométrica(s) en la hoja.
  • Precisa los contornos del objeto, y añade los detalles.
  • Coloca las zonas de sombras con un plumeado ligero.

Truco

Puedes utilizar dos lápices distintos (por ejemplo: lápices 2B y 9B o un bastoncillo de sanguina y un lápiz 2B). Con uno trazarás la forma geométrica, con el otro precisarás la forma del objeto. Así, visualizarás más fácilmente la evolución entre el trazado inicial y el final.