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Restaurar las obras pictóricas en 4 etapas

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El estado de conservación de las pinturas es muy variable de una obra a otra. He aquí un programa completo que te permitirá lanzarte a cualquier tipo de restauración. ¡Aprende a devolver el resplandor a los colores!

1. Desempolvar

Cette étape est indispensable, avant tout autre intervention.

Esta etapa es indispensable, antes de cualquier intervención.

Desempolva el dorso y el chasis utilizando un plumero llamado "ala de oca", un pincel de cabello de cerdo o un cepillo de pelos de cabra.

Si la capa pictórica está en buen estado, límpiala con otro pincel.

2. Limpiar

Desengrasar: con agua pura o con citrato de amonio diluido, para eliminar la mugre adherida al barniz de un cuadro. Esta técnica se puede utilizar también con las obras que no están barnizadas, con la condición de hacer un test de la reacción de los pigmentos, empezando por los tonos oscuros y terminando por los verdes y los rojos, que son muy frágiles.

El buen gesto: Desengrasar según las reglas

Haz una cuadrícula en la obra trazando con una tiza cuadros de 10 cm x 10 cm.

Coloca una cuña de madera (del grosor del chasis) bajo la primera zona.

Frota con un palito de madera recubierto de algodón húmedo, lo que permite trabajar en superficies grandes mejor que con un bastoncillo. Reservaremos estos últimos para los detalles.

Efectúa ligeras presiones con papel secante antes de pasar al cuadro siguiente.

Si el algodón queda limpio, utiliza citrato de amonio diluido (entre el 2% y el 5%) en agua.

Retira las pastosidades con un palito de madera o con un cepillo de dientes. Seca con frecuencia tu trabajo, aunque tengas que volver a él más tarde.

Reducir el barniz: para retirar una o varias capas amarillentas con un algodón impregnado en disolvente (por ejemplo, isopropanol). Una técnica delicada que requiere controles frecuentes con una lámpara de UV (que revela en verde fluorescente la densidad del barniz).

3. Enmasillar

Consiste en sustituir la materia ausente por una masilla de alisado. La masilla tiene que colmar el hueco sin desbordarse al resto de la obra.

Trabájala con la la espátula plana y retira enseguida todo el excedente con un bastoncillo de algodón seco.

Tras el secado (unos 10 minutos), lija la superficie con un tapón de corcho húmedo cortado en oblicuo.

Por último, pinta la masilla con acuarela acercándote al color definitivo, y luego recúbrela con un barniz especial para retoques.

Truco: ¡Aprende a corregir los errores!

Durante el secado, puede trabajar la textura de la masilla con un alfiler o con un cepillo fino. Si el resultado no te conviene, lija y vuelve a empezar.

4. Retocar una capa pictórica

Cuidado, esta operación tiene que ser reversible.

Utiliza acuarelas o pinturas específicas para la restauración. Haz varias pruebas para encontrar los tonos de la obra.

Aplica una primera capa bastante cubriente, mezclada con modeling past, y recúbrela de un barniz especial para retoques.

Aplica una segunda capa más transparente, vuelve a barnizar, y luego finaliza los detalles.